El método arqueológico permite el estudio de antiguos edificios para conocer cuándo fueron construidos, y cómo han ido evolucionando marcando las diferentes fases desde sus inicios hasta la actualidad.

Esto supone, en un primer momento, conocer las características del propio edificio, su evolución histórica y su construcción. Estos datos aportan valiosa información a la hora de redactar proyectos de restauración y valorización.

En un segundo momento, es decir, durante la ejecución de dichos trabajos, el seguimiento de la obra, permite afinar los datos tomados inicialmente y permiten tomar decisiones puntuales ante elementos no vistos anteriormente.

La síntesis de los trabajos de arqueología de la arquitectura, o de lo construido, da como resultado un entendimiento del conjunto edificado, conociendo sus fases, sus puestas en obra, los materiales utilizados y documentando también, como no puede ser de otro modo, los trabajos realizados.